viernes, 2 de enero de 2009

El penúltimo manifiesto

Últimamente me estoy aficionando a un tipo distinto de blogs: los de los profesionales. Es decir, periodistas que ahora en vez de escribir columnas para los periódicos (o además de), tienen blogs en los que aportan su granito de arena en la creación (o evolución de no sé qué) del género literario del siglo XXI. Muchos de ellos caen en la misma trampa en la que he caído yo con mis últimos y abandonados blogs: la desidia. "Hazte un blog y escribes lo que quieras cuando quieras" te dicen. Pues sí, pero yo no he sabido digerir una consecuencia postrera que acompaña la actividad continuada en estos mundos: la presión de volver a escribir. Involuntariamente creas una especie de "público", incluso algún que otro "fan" que te dice cuánto le gusta lo que escribes y que está deseando que vuelvas a hacerlo. Obviamente, la presión de la que hablo no viene únicamente de este grupo reducido de personas, pero junto a ellas hay algo más que espera que sigas escribiendo regularmente y eso es uno mismo.

¿Cuánto tiempo ha de pasar entre post y post para que un blog sea entretenido? Un post diario sería excesivo y convertiría el blog en una telenovela. Un post semanal o cada diez días estaría demasiado distanciado del anterior, lo que privaría al blog de una de sus características básicas: la continuidad. Si un post no tiene una relación de contenido o temporal suficientemente clara con el anterior, el blog se convierte en un hermoso libro de narrativa breve, pero estaremos engañándonos a nosotros mismos creyendo que tenemos un blog. Así que supongo que la media adecuada es de tres o cuatro días.

Una vez establecida la periodicidad recomendada por nueve de cada diez bloggers (o sea, me lo he preguntado diez veces), tengo que resolver el asunto ese de la presión que dejé colgando en el primer párrafo como el mediocre escritor en el que me gusta convertirme a menudo (quede claro que no digo desde qué me transformo en mediocre, si desde arriba o desde abajo). Con presión no me refiero al ya clásico "jo, tío, eres un perro, a ver si escribes", sino al "joder, llevo una semana sin escribir en el blog". Y con eso parece que has dejado en casa sin comida a los diez últimos linces ibéricos, que esperan de tu santa mano el alimento que les haga sobrevivir una noche más.

Teniendo en cuenta todo lo que tengo que hacer y escribir (hay rumores de una tesis en curso...), me pregunto cómo he podido dejar de considerar el blog un punto de diversión personal y tomarlo como algo más serio aún que un trabajo. Supongo que porque equivoqué conceptos. Tenía (y tengo ganas) de contarle al mundo mi particular visión de la vida. Primero por lo que todos los demás, porque el anhelo de la fama persigue al ser humano desde que se dio cuenta de que haciendo una incisión en una pared se le recordaría (del modo que sea) incluso después de muerto. Y segundo porque creo que mi visión en concreto es interesante. Será por egocentrismo (nunca le falta a un Leo) o por vanidad, pero creo que soy una persona que merece la pena ser leída "en estos tiempos inciertos" (odio las expresiones manidas pero llenas de significado). Sin embargo, olvidé que lo que pueda escribir por internet nunca cambiará el mundo mientras detrás del nombre de mi blog vaya un .blogspot.com y no un nytimes.com . Y como olvidé esto, inventé el post-manifiesto y el post-diario de un humanista, que me dejaban exhausto y perplejo y extendían una terrible sombra bajo la cual todo lo que pudiera escribir se quedaba pequeño y falto de interés. Así que supongo que será mejor que mi (aparentemente tan valiosa) visión del mundo vuelva a colarse en mis posts como un mero background y deje los manifiestos y los ensayos que cambiarán el mundo para mis discursos de ingreso en las más prestigiosas instituciones internacionales.

2 comentarios:

Milhaud dijo...

Al final, hay que intentar abstenerse de lo que los demás opinen... y simplemente escribir cuando uno está inspirado.

Si quieres tener una continuidad y un espacio entre entradas del blog, al menos blogger te deja programar entradas para el futuro, de tal modo que si un día la inspiración te permite escribir tres entradas, las puedes programar para que se vayan publicando a lo largo de la semana.

Pero ante todo, no escribas cuando no apetece ;)

AliciA dijo...

Te enlazaré de nuevo, pues...

Yo escribo cada semana, y tan a gusto. Así es mi blog y ése es el tiempo de que dispongo.

Y a quien le parezca poca continuidad, que vea "Gata Salvaje" (!!)

Me parece bien que ahorres ideas para tus discursos de ingreso, siempre he pensado que, llegado el momento, debe costar encontrar qué decir!