Si digo que he empezado a escribir esto "animado" por Dragó, ¿qué pensará de mí quién me lea? Pero la verdad es esa. Llevo tiempo leyendo el blog de Dragó en la web de El Mundo ("espera, ¿Fer que es de izquierdas lee un periódico de derechas?") y debo reconocer que he desarrollado con él una afinidad inquietante, que me da sensación a veces de malsana, de viciosa o de inmoral. No quiero que este párrafo ni los siguientes se conviertan en un elogio de Dragó, porque ya está él para ese tipo de cosas, pero sí es cierto que una cosa me ha enseñado: el descaro. Obviamente, creo que él lo lleva muchas veces fuera de los límites no sólo de lo políticamente correcto sino también de lo que se puede considerar "buena educación", pero aprecio francamente el hecho de que no le puedan importar menos las reacciones a lo que dice. Siempre hay un complejo de superioridad tras este tipo de actitudes, pero será que lo comparto y me divierte ver cómo alguien lo lleva donde yo no soy capaz de hacerlo.
Mientras leía a Dragó he pensado "a mí también me gustaría escribir lo que me diera la gana" y de repente me he acordado de que tengo este (y otros muchos) blog y he decidido actualizarlo, si se le puede llamar actualizar a escribir dos mesés después de la última entrada.
"¿Qué tal por Florencia?" "Bien, genial, todo lo que te diga es poco, muy integrado en el país y en la universidad, muy bien". Podría desarrollar la frase anterior durante horas cada vez que la pronuncio, pero se me hace tan cuesta arriba como se le haría a la persona que me pregunta si le devolviera la cuestión. Por alguna extraña razón no siento la necesidad de contarlo como si fueran unas vacaciones o algo absolutamente increíble a pesar de que lo sea. Ayer leí a Wolverine en un comic: "Estar aquí de pie hablando se parece mucho a estar aquí de pie hablando", y puedo parafrasearlo: "Estar en Florencia haciendo la tesis en una universidad internacional se parece mucho a estar en Florencia haciendo la tesis en una universidad internacional". Es lo que es, no tiene peros, ni dobleces ni nada raro. Hablar tres idomas al día y estudiar Renacimiento en Florencia se ha convertido en mi vida normal, en mi día a día, es lo que he querido hacer desde hace mucho tiempo.
Hay una frase de esas que se ponen de nick que dice que "Hay que tener cuidado con los sueños porque al final se consiguen" y, claro, dejan de ser sueños para ser realidad. No sé qué tiene de malo. Siguiente sueño: no lo digo porque si no se cumple, ¿no?
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