Bueno, sigo con mi intento de retomar el blog aunque sea con una frecuencia discreta y aunque los posts no tengan mucha unidad ni coherencia. Pero hay que seguir escribiendo. Llevo aquí de vuelta cuatro días y con este y poco a poco todo va volviendo a lo que podría llamar mi normalidad: clases de idiomas, estudiar, perrear en casa y ver a mis amigos de estos lares, que en realidad son de muchísimos y bien diferentes sitios.
La vuelta ha sido más dura de lo que esperaba, y no podría explicar el motivo. El sábado me pregunté cuál era el enfoque que le daba a mis más de tres semanas en Madrid. Vuelta a casa? Vacaciones? En este caso, mi vuelta a Florencia sería una vuelta a casa. Aun con matices, fue la explicación que más me convenció. Mis días en España han sido espectaculares, no he parado un segundo y aunque al final no he visto a todas aquellas personas a las que habría querido, supongo que habrá sido porque al final uno hace lo que más tiene ganas de hacer, y se recurre a la opción más fácil de ver a quien más has echado de menos; por supuesto, eso no significa que me haya dejado gente importante sin ver o sin disfrutar tranquilamente.
Sin embargo, cada vez se me hace más real y palpable la impresión de que España no es un país para trabajar, sino más bien para disfrutar, divertirse y hacer cosas improductivas, categoría esta que no ha de ser negativa en todos los casos. Fuera de España los horarios de trabajo y la distribución del tiempo son mucho más apropiados para, entre otras cosas, el estudio. Será también que aquí mi única verdadera obligación es estudiar y que tengo todas las facilidades para ello, pero estoy seguro de que si trasladaran este sitio a España, el rendimiento bajaría al menos un 20%...
Me despido con algo más interesante que esta sarta de mundanidades que acabo de escribir. En el coro nos vamos a dedicar en los siguientes meses a la preparación del Gloria de Vivaldi. No puedo expresar ni una mínima parte de la alegría que me causa, por lo que espero poder manifestarla el día que cantemos llenándome la boca de esa palabra: gloria.