martes, 16 de septiembre de 2008

Y venga gente...

Supongo que llegará un día en el que dejaré de conocer una media de 10 personas por semana. Por un lado espero que sí, porque si no entraré en un estado de shock absoluto pensando que conozco a todos los que tengo alrededor y que no les atiendo como es debido. Por otro lado espero que no, por supuesto. Mi último descubrimiento es una chica polaca, Kasia, que es un solazo de persona. Tiene mi misma edad y lleva casada cuatro años. La he conocido en mi clase de francés y aunque no es alguien con quien esté haciendo mucha vida en común, me apetecía hablar de ella porque nos lo pasamos realmente bien tratando de entender a nuestra profesora. Habla polaco, ruso, inglés, búlgaro, ucraniano, alemán y está aprendiendo francés e italiano. Nada mal, no? Tengo una invitación para ir a comer un día a su casa comida polaca que por supuesto aceptaré. Sé que es un párrafo inconexo y un poco caótico, pero me ha alegrado el día, ese es el único motivo para haberlo escrito.
Ayer tuve noche de freaks absolutos de fútbol con Germán y David, que saben de fútbol mucho más de lo que yo considero necesario para ser "freak del fútbol". Los dos han vivido tanto en Inglaterra como en Bélgica, así que se conocen a la perfección las características de todos los clubes de esos países, además de los italianos, españoles, franceses y casi cualquier cosa que se les ponga por delante. Estuvimos viendo un Tottenham - Aston Villa, que no está mal para calentar motores la semana que empieza la Champions de ese Atlético maravilloso.
Y después de estos dos párrafos dignos de ser escritos por Valle para su clase con Jesús Rollán, me voy a despedir no sin antes agradecer blablablabla... Bueno, que a ver cuándo empezáis a venir, oh gente de la madre patria, a la nación del ínclito Dante y el ímprobo Michelangelo.


jueves, 11 de septiembre de 2008

Salir por Madrid ebrio de fuego

Extraño título de post, verdad? Bien, hace poco llegué a una de las cotas más altas de enajenación lingüística desde que estoy aquí, algo a lo que ya debería estar acostumbrado teniendo en cuenta que normalmente no hablo en la lengua en la que pienso. En mi clase de francés del martes descubrí que en este idioma también existe el verbo "salir". "Bueno, supongo que significará lo mismo que en italiano (subir), así que no me costará tanto adaptarme al false friend / falso amico". Una mierda. Salir en francés significa mancharse. Oye, qué bien. Creo que la primera frase que vino a mi cabeza fue "perdonad que salga, tengo que subir a mancharme".
Otra cosa a la que aún no he encontrado una solución muy satisfactoria es a la forma en que debo pronunciar Madrid. Es decir, debería pronunciarlo en absoluto español, pero si hablo con un angloparlante lo entenderá mejor si lo hago "a la inglesa", tipo Madruid. Si hablo con un italianoparlante, me suele salir "Madridd", que los italianos alargan mucho este tipo de letras. Y si digo "Madrid" delante de dos italianos, una turca que habla italiano, dos francesas y una bielorrusa mientras hablo inglés? Creo que en esos momentos mi cerebro se funde y digo Costa Rica o Mozambique.
Por otro lado (creo que el Academic Wrting English empieza a afectarme y empiezo a usar sentence connectors incluso en castellano) ayer empecé mi actividad como cantante del EUI Choir. El 3 de octubre cantamos en la ceremonia de graduación en la Badia fiesolana, donde haremos el Gaudeamus igitur y nos la jugaremos con un osado An die Freude, más conocido gracias a Mike Rivers como el Himno de la Alegría. La segunda frase dice "Wir betreten feuertrunken Himmlische, dein Heiligtum", que sería algo así como (libérrima traducción) "Entramos ebrios de fuego en tu vasto salón celestial". "Ebrio de fuego", no es maravilloso?

viernes, 5 de septiembre de 2008

La mitad de sesenta más cuatro veintes es un libro con orejas de perro

Creo que ya ha quedado claro que aquí el tema de las lenguas es algo bastante complejo. Por si hablar tres idiomas cada día no fuera ya suficientemente extraño, estoy empezando a estudiar francés. Hoy ha sido ese famoso día en el que te explican que ochenta se dice cuatro veintes y que noventa y cuatro, por ejemplo, se dice cuatro veintes y catorce. Esto ya me era familiar, pero llegados a este punto la profesora ha preguntado si había algún danés en clase para que explicara su también particular método. Obviamente, había una danesa, que ha puesto como ejemplo que treinta en danés se dice la mitad de sesenta. ¿Estamos locos?

Como no todo son expresiones o palabras que me resulten absolutamente incomprensibles, voy a hablar de la que más me ha impactado estos días. En clase de inglés, hablando sobre cómo expresar quejas o lamentos, llegamos a la siguiente situación: "Someone has dog-eared one of your books." Resulta que to dog-ear a book es doblar las esquinas de las páginas de forma que queden más o menos así:


Gráfico, ¿verdad?

lunes, 1 de septiembre de 2008

Il primo Piazzale Michelangelo

El fin de semana ha sido bastante interesante, como todo aquí, la verdad es que aún no he encontrado un día que no lo haya sido. El sábado quedé con toda una "sección" de los de primer año que no conocía, así que fui completando mi mapa de nacionalidades con países como Irlanda, Austria y, sin duda, la mayor revelación, Grecia. Conocí a una chica griega que me preguntó sobre el tema de mi investigación, y no sólo conocía el "famoso" Concilio, sino que además me preguntó cosas sobre él y conocía a algunos de los griegos que vinieron. Por si fuera poco, es una gran fan del deporte en general y del baloncesto en particular, por lo que tuvimos tema de conversación para rato.

El domingo fue más tranquilo, estuve de paseo por la ciudad desde bien temprano (me levanté a las nueve y media...) y después de comer fui a un concierto de Bach en la iglesia de Or San Michele con Adriana (brasileña), Visnja (croata) e Irina (bielorrusa). El concierto no estuvo mal, aunque tampoco me llegó al cuore, es lo que tiene hora y media de órgano barroco...

Y después fuimos al primer empacho de belleza del año. Caminamos hasta el Piazzale Michelangelo, el clásico lugar desde donde se ven las mejores vistas de la ciudad, de la città por excelencia. Creo que todas las veces que he subido allí se ha producido el mismo fenómeno, el mismo silencio sacro que produce tanta belleza para uno solo de los sentidos. Un cuarto de hora no de atardecer, sino de tramonto como sólo en ese lugar se puede disfrutar, con la sensación de que nada terrible ocurriría si el mundo se acabara con el último rayo de sol.