sábado, 27 de diciembre de 2008

Increíble

Si digo que he empezado a escribir esto "animado" por Dragó, ¿qué pensará de mí quién me lea? Pero la verdad es esa. Llevo tiempo leyendo el blog de Dragó en la web de El Mundo ("espera, ¿Fer que es de izquierdas lee un periódico de derechas?") y debo reconocer que he desarrollado con él una afinidad inquietante, que me da sensación a veces de malsana, de viciosa o de inmoral. No quiero que este párrafo ni los siguientes se conviertan en un elogio de Dragó, porque ya está él para ese tipo de cosas, pero sí es cierto que una cosa me ha enseñado: el descaro. Obviamente, creo que él lo lleva muchas veces fuera de los límites no sólo de lo políticamente correcto sino también de lo que se puede considerar "buena educación", pero aprecio francamente el hecho de que no le puedan importar menos las reacciones a lo que dice. Siempre hay un complejo de superioridad tras este tipo de actitudes, pero será que lo comparto y me divierte ver cómo alguien lo lleva donde yo no soy capaz de hacerlo.

Mientras leía a Dragó he pensado "a mí también me gustaría escribir lo que me diera la gana" y de repente me he acordado de que tengo este (y otros muchos) blog y he decidido actualizarlo, si se le puede llamar actualizar a escribir dos mesés después de la última entrada.

"¿Qué tal por Florencia?" "Bien, genial, todo lo que te diga es poco, muy integrado en el país y en la universidad, muy bien". Podría desarrollar la frase anterior durante horas cada vez que la pronuncio, pero se me hace tan cuesta arriba como se le haría a la persona que me pregunta si le devolviera la cuestión. Por alguna extraña razón no siento la necesidad de contarlo como si fueran unas vacaciones o algo absolutamente increíble a pesar de que lo sea. Ayer leí a Wolverine en un comic: "Estar aquí de pie hablando se parece mucho a estar aquí de pie hablando", y puedo parafrasearlo: "Estar en Florencia haciendo la tesis en una universidad internacional se parece mucho a estar en Florencia haciendo la tesis en una universidad internacional". Es lo que es, no tiene peros, ni dobleces ni nada raro. Hablar tres idomas al día y estudiar Renacimiento en Florencia se ha convertido en mi vida normal, en mi día a día, es lo que he querido hacer desde hace mucho tiempo.

Hay una frase de esas que se ponen de nick que dice que "Hay que tener cuidado con los sueños porque al final se consiguen" y, claro, dejan de ser sueños para ser realidad. No sé qué tiene de malo. Siguiente sueño: no lo digo porque si no se cumple, ¿no?

miércoles, 15 de octubre de 2008

Dios premia las buenas acciones

Esta mañana, en el autobús, había sentada junto a mí una señora mayor. Cuando llegábamos a Piazza della Libertà, ha comenzado a levantarse, así que yo, que iba de pie, la he sujetado porque venían curvas y he notado que, además de la poca destreza propia de su edad, tenía la enfermedad de Parkinson, por lo que la dificultad era plena. Cuando ha parado el autobús, una sonrisa desdentada y un descender parsimonioso han contrastado con las malas formas de una mujer que ha salido apresuradamente, casi empujando a otra señora. Así que mi buena acción ha sido premiada con poco más de diez euros que iban en mi cartera y que la apresurada señora llevaba casi seguro consigo, supongo que en connivencia con los tres tipos sospechosos que había detrás de mí, más que probables "autores materiales" del hecho.

lunes, 13 de octubre de 2008

Presentaciones y seminarios

La semana pasada asistí a las presentaciones de los proyectos de investigación de los alumnos de primer año del Departamento. Creo que fui el único que asistí a todas. Cada una constaba de diez o quince minutos de presentación más unos quince o veinte de discusión. Conclusión: habiendo cuarenta y cinco presentaciones, a media hora cada una (música de Un, Dos, Tres de fondo) hacen un total de casi un día real entero de charlas. Agotador, teniendo en cuenta que el miércoles expuse yo mi tema, lo cual conlleva un cansancio extra, claro.
El ambiente general de las presentaciones ha sido serio pero distendido, aunque más cercano en algunos momentos a un Consejo Jedi que a un grupo de colegas. La gran mayoría de los profesores del departamento ha asistido a la gran mayoría de las presentaciones, lo que supone un encomiable trabajo para gente que, no lo neguemos, aparte de tener cosas más importantes que hacer, está de vuelta en sus temas y tiene poco o ningún interés en otros. A pesar de ello, casi todos hacían preguntas o comentarios acerca de los temas y las investigaciones de cada uno. Y, como bien apuntó mi amigo alemán Ferdinand, "¿por qué todas las preguntas y todos los comentarios son acertados?".
Lo más destacable de la semana fueron tres o cuatro presentaciones que se hicieron en francés en vez de inglés, que es el idioma imperante aquí. Ningún problema, pero, ¿por qué existe tanto snobismo con el francés? En cuanto alguien decía que iba a hablar en francés, se podían ver muchos pechos erguidos para decir "yo sé francés" y se hacían muchas preguntas por el mero hecho de demostrar que se sabía la lengua. Todo además acompañado de comentarios de "qué bien!" o "al fin!". ¿Por qué es tan cool saber francés?
Sobre los seminarios... Esta mañana he tenido el primero y he salido de allí con una magnífica y socrática impresión: soy un auténtico ignorante. Supongo que gracias a eso, he aprendido muchísimo, y he disfrutado de dos píldoras de mi supervisor, que es una de esas personas que enseña por ósmosis.
A) "Soy un hombre mayor, y una de las ventajas de ser un hombre mayor es que puede contar historias, y yo os voy a contar una... (...) Había un padre que cuando su hijo volvía de clase no le preguntaba si había aprendido algo nuevo, sino "¿has hecho hoy alguna buena pregunta?".
B) Tras una elaborada respuesta de cinco minutos sobre el concepto de modernidad, lo que supone para la historia de Europa occidental y su relación con la historia del judaismo, le pregunta al alumno: "¿Satisfecho con la respuesta?" A lo que el alumno ha contestado "Bueno, no del todo..." "Perfecto! Eso es genial!".
Por último, he de añadir que a este hombre, a mi supervisor, le he enviado a primera hora de la mañana un mail con una recensión sobre un libro que me había hecho leer. Cuando dos horas después me lo he encontrado me ha dicho "he recibido tu mail, pero perdona, no me ha dado tiempo a leer lo que has escrito". Así funcionan las cosas así. Y como quiero que sigan funcionando así y como estoy tan contento y tan orgulloso de formar parte de esto y no quiero que este gran hombre desperdicie su tiempo con gente que no lo merece, dejo de hacer el moñas con el ordenador y me voy a poner a leer todo lo que tengo para mañana para que cuando empiece mis clases y llegue con las cosas preparadas vuelva a sentirme tan limpio como hoy, por muchas horas de sueño que me cueste.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Comienza mi "vida normal"

Sí, ya estoy otra vez con los clásicos retrasos en escribir... En mi favor ,lo de siempre, son días muy intensos, tampoco tengo mucho tiempo, no quiero escribir tonterías, etc... El caso es que, obviamente, todo es verdad, y también lo es que a partir de ahora mi vida va a ser más regular de lo que ha sido este frenético mes y probablemente empiece a asimilar mejor las cosas y a poder hablar de ellas de forma más o menos inteligible.

Septiembre terminó ayer con el último de mis tres exámenes de francés. No es tan serio como parece, de todas maneras. De hecho, salvo el escrito los dos orales han sido de todo menos exámenes, con la profesora interrumpiendo para corregir o aportar sugerencias a nuestro paupérrimo nivel. Ha sido un mes muy muy intenso, en el que habré conocido a más de cincuenta personas de muchos países diferentes, en el que he hablado casi todos los días cuatro idiomas distintos, y en el que he comenzdo proyectos interesantes, como mi vida académica aquí o mi participación en el coro.

Hoy comienza octubre, y en la semana del 13 empezará mi vida "rutinaria" aquí, con horarios fijos para dos o tres meses y con un programa de trabajo bastante duro y apasionante que ha comenzado hoy mismo con el inicio de la lectura de "The Renaissance Discovery of Classical Antiquity", de Roberto Weiss. Mientras tanto, el día 8 haré frente al departamento la presentación de mi tema (Concilio forever) durante diez minutos, a los que seguirán quince o veinte de preguntas mejor o peor intencionadas. Estoy preparado moralmente.

Por otro lado, ayer tuve una de las primeras apasionantes conversaciones que me esperan durante estos años con dos personas, un danés y una griega, que trabajan en temas muy cercanos al mío. Fue poco tiempo, pero dejó una anécdota mítica que explicará mejor de lo que hablo. Jacob (el danés) y yo estábamos esperando, con gran entusiasmo, a que se terminara de descargar un pdf de tamaño desconocido (estábamos intrigados desde los 80 MB, al final fueron 173...) de un tratado de álgebra del siglo XVI. Ante el interés, una amiga se acercó y nos preguntó "¿qué hacéis, ver porno?". "No, estamos descargando un tratado de Girolamo Cardano sobre álgebra y aritmética". Segundos de estupor seguidos por un comentario del amigo de nuestra amiga: "era mejor que hubiérais dicho que era porno".

Termino este post de reentré diciendo que voy a repasar la obra de Nicola Pisano y que en media hora tengo que ir al (pen)último ensayo del coro antes de nuestro debut el viernes en la Conferring Ceremony. I love this place.

martes, 16 de septiembre de 2008

Y venga gente...

Supongo que llegará un día en el que dejaré de conocer una media de 10 personas por semana. Por un lado espero que sí, porque si no entraré en un estado de shock absoluto pensando que conozco a todos los que tengo alrededor y que no les atiendo como es debido. Por otro lado espero que no, por supuesto. Mi último descubrimiento es una chica polaca, Kasia, que es un solazo de persona. Tiene mi misma edad y lleva casada cuatro años. La he conocido en mi clase de francés y aunque no es alguien con quien esté haciendo mucha vida en común, me apetecía hablar de ella porque nos lo pasamos realmente bien tratando de entender a nuestra profesora. Habla polaco, ruso, inglés, búlgaro, ucraniano, alemán y está aprendiendo francés e italiano. Nada mal, no? Tengo una invitación para ir a comer un día a su casa comida polaca que por supuesto aceptaré. Sé que es un párrafo inconexo y un poco caótico, pero me ha alegrado el día, ese es el único motivo para haberlo escrito.
Ayer tuve noche de freaks absolutos de fútbol con Germán y David, que saben de fútbol mucho más de lo que yo considero necesario para ser "freak del fútbol". Los dos han vivido tanto en Inglaterra como en Bélgica, así que se conocen a la perfección las características de todos los clubes de esos países, además de los italianos, españoles, franceses y casi cualquier cosa que se les ponga por delante. Estuvimos viendo un Tottenham - Aston Villa, que no está mal para calentar motores la semana que empieza la Champions de ese Atlético maravilloso.
Y después de estos dos párrafos dignos de ser escritos por Valle para su clase con Jesús Rollán, me voy a despedir no sin antes agradecer blablablabla... Bueno, que a ver cuándo empezáis a venir, oh gente de la madre patria, a la nación del ínclito Dante y el ímprobo Michelangelo.


jueves, 11 de septiembre de 2008

Salir por Madrid ebrio de fuego

Extraño título de post, verdad? Bien, hace poco llegué a una de las cotas más altas de enajenación lingüística desde que estoy aquí, algo a lo que ya debería estar acostumbrado teniendo en cuenta que normalmente no hablo en la lengua en la que pienso. En mi clase de francés del martes descubrí que en este idioma también existe el verbo "salir". "Bueno, supongo que significará lo mismo que en italiano (subir), así que no me costará tanto adaptarme al false friend / falso amico". Una mierda. Salir en francés significa mancharse. Oye, qué bien. Creo que la primera frase que vino a mi cabeza fue "perdonad que salga, tengo que subir a mancharme".
Otra cosa a la que aún no he encontrado una solución muy satisfactoria es a la forma en que debo pronunciar Madrid. Es decir, debería pronunciarlo en absoluto español, pero si hablo con un angloparlante lo entenderá mejor si lo hago "a la inglesa", tipo Madruid. Si hablo con un italianoparlante, me suele salir "Madridd", que los italianos alargan mucho este tipo de letras. Y si digo "Madrid" delante de dos italianos, una turca que habla italiano, dos francesas y una bielorrusa mientras hablo inglés? Creo que en esos momentos mi cerebro se funde y digo Costa Rica o Mozambique.
Por otro lado (creo que el Academic Wrting English empieza a afectarme y empiezo a usar sentence connectors incluso en castellano) ayer empecé mi actividad como cantante del EUI Choir. El 3 de octubre cantamos en la ceremonia de graduación en la Badia fiesolana, donde haremos el Gaudeamus igitur y nos la jugaremos con un osado An die Freude, más conocido gracias a Mike Rivers como el Himno de la Alegría. La segunda frase dice "Wir betreten feuertrunken Himmlische, dein Heiligtum", que sería algo así como (libérrima traducción) "Entramos ebrios de fuego en tu vasto salón celestial". "Ebrio de fuego", no es maravilloso?

viernes, 5 de septiembre de 2008

La mitad de sesenta más cuatro veintes es un libro con orejas de perro

Creo que ya ha quedado claro que aquí el tema de las lenguas es algo bastante complejo. Por si hablar tres idiomas cada día no fuera ya suficientemente extraño, estoy empezando a estudiar francés. Hoy ha sido ese famoso día en el que te explican que ochenta se dice cuatro veintes y que noventa y cuatro, por ejemplo, se dice cuatro veintes y catorce. Esto ya me era familiar, pero llegados a este punto la profesora ha preguntado si había algún danés en clase para que explicara su también particular método. Obviamente, había una danesa, que ha puesto como ejemplo que treinta en danés se dice la mitad de sesenta. ¿Estamos locos?

Como no todo son expresiones o palabras que me resulten absolutamente incomprensibles, voy a hablar de la que más me ha impactado estos días. En clase de inglés, hablando sobre cómo expresar quejas o lamentos, llegamos a la siguiente situación: "Someone has dog-eared one of your books." Resulta que to dog-ear a book es doblar las esquinas de las páginas de forma que queden más o menos así:


Gráfico, ¿verdad?

lunes, 1 de septiembre de 2008

Il primo Piazzale Michelangelo

El fin de semana ha sido bastante interesante, como todo aquí, la verdad es que aún no he encontrado un día que no lo haya sido. El sábado quedé con toda una "sección" de los de primer año que no conocía, así que fui completando mi mapa de nacionalidades con países como Irlanda, Austria y, sin duda, la mayor revelación, Grecia. Conocí a una chica griega que me preguntó sobre el tema de mi investigación, y no sólo conocía el "famoso" Concilio, sino que además me preguntó cosas sobre él y conocía a algunos de los griegos que vinieron. Por si fuera poco, es una gran fan del deporte en general y del baloncesto en particular, por lo que tuvimos tema de conversación para rato.

El domingo fue más tranquilo, estuve de paseo por la ciudad desde bien temprano (me levanté a las nueve y media...) y después de comer fui a un concierto de Bach en la iglesia de Or San Michele con Adriana (brasileña), Visnja (croata) e Irina (bielorrusa). El concierto no estuvo mal, aunque tampoco me llegó al cuore, es lo que tiene hora y media de órgano barroco...

Y después fuimos al primer empacho de belleza del año. Caminamos hasta el Piazzale Michelangelo, el clásico lugar desde donde se ven las mejores vistas de la ciudad, de la città por excelencia. Creo que todas las veces que he subido allí se ha producido el mismo fenómeno, el mismo silencio sacro que produce tanta belleza para uno solo de los sentidos. Un cuarto de hora no de atardecer, sino de tramonto como sólo en ese lugar se puede disfrutar, con la sensación de que nada terrible ocurriría si el mundo se acabara con el último rayo de sol.

jueves, 28 de agosto de 2008

Internacional

Ayer fue sin duda uno de los días más plenos y felices de mi vida. Llegué al EUI para el Registration Day temprano, antes incluso de lo necesario por un pequeño error al mirar el horario. Nada más llegar me asomé al mirador que hay frente a la Badia para contemplar Florencia desde una altura considerable, una vista difícil de olvidar para nadie. Recordé en ese momento el día en que llegué hace cuatro meses, cuando quedé absolutamente enamorado del lugar y cuando no hacía más que repetirme "no te ilusiones, no te ilusiones, no te ilusiones". Bien, ahora no sólo puedo ilusionarme, sino que debo, y debo sentir el orgullo y la responsabilidad que supone estar aquí. Sólo un par de apuntes más.

Durante el día conocí y hablé en diferentes idiomas con: una brasileña, una croata, una polaca, una bielorrusa, un sueco, dos colombianos, un suizo, un alemán, una turca, tres holandeses, un búlgaro y algunos españoles.

Después del discurso de bienvenida en el que me hicieron sentir nuevamente tremendamente privilegiado, nos invitaron a una barbacoa en el jardín que se abre al otro lado del claustro (del siglo XV) de la Badia, y desde donde pude ver uno de los atardeceros más bellos que jamás podré ver, con Florencia en el valle y con la inmensa satisfacción personal de estar viviendo un sueño deseado cada segundo que pasa, cada palabra que escucho y cada centímetro de mundo por el que paso mis ojos.

domingo, 24 de agosto de 2008

Citius, altius, fortius

Mañana comienza una nueva y espero que brillante época de mi vida. Mañana me marcho a vivir a Italia otra vez, en esta ocasión a Florencia, por un año al menos, quizá dos, quién sabe si más. Florencia... Los que me conocéis sabéis cuánto significa esta ciudad para mí, allí tuvo lugar quizá la más hermosa de todas las revoluciones que ha llevado a cabo el hombre, el Renacimiento, que tuvo casi como único gran factor común una pasión desbordante por el ser humano y sus capacidades.

Hoy han finalizado en Pekín los Juegos Olímpicos, esa gran cita deportiva que cada cuatro años reúne a los mejores atletas y los pone al límite de sus posibilidades en busca de una única meta: el oro olímpico, la más alta condecoración que puede recibir una persona en su vida.

Citius, altius, fortius, o sea, "más rápido, más alto, más fuerte", el lema olímpico, el lema humano, me atrevería a decir. Si algo ha caracterizado la historia del Hombre ha sido su impulso por dar siempre un paso más, por llegar un poco más lejos que sus predecesores, por añadir unas líneas más en el conocimiento de cada materia, por no conformarse, por luchar para lograr ese poco más que en ocasiones ha supuesto posteriormente cambios y giros de ciento ochenta grados como fue la revolución copernicana. Los Juegos Olímpicos son una demostración mundial de este afán de superación. Años de entrenamiento y sacrificio que en ocasiones se traducen en un nuevo récord del mundo que araña la absurda cantidad de una centésima de segundo al anterior. Y sin embargo, vale la pena, porque por un momento, el Hombre toca techo, y ese atleta se convierte en el más grande de su disciplina, en el primero, en el mejor, y obtiene el oro, el metal más preciado.

En estos días de Juegos Olímpicos me he conmovido en infinidad de ocasiones ante la imagen de un atleta recibiendo su medalla, o perdiéndola, en cuyo caso hay que añadir un desgarrador sentimiento de compasión. En el caso de España, destacaré el oro del siempre bravo Nadal, las dos medallas del profesional Joan Llaneras, y las figuras cuasiheroicas de los grandísimos capitanes Carlos Jiménez, de baloncesto, y David Barrufet de balonmano, hombres intachables y de una talla moral y humana sin parangón. Siempre he sentido una gran envidia por todos ellos, no sólo los que acabo de nombrar, sino por todo aquel atleta que participa en unos Juegos Olímpicos, y que además tiene el honor y la gloria de recibir una medalla. Creo que son la representación de eso que se llama envidia sana, no por hacer mejor sus deportes que los demás, sino por consagrar sus vidas al trabajo y al esfuerzo por la superación.

Y sin embargo, yo estos días me siento como si hubiera ganado una especie de medalla olímpica. No el oro, pero sí un bronce. He sido admitido en el Instituto Universitario Europeo, una universidad que recibe cada año en cada departamento apenas unos treinta nuevos estudiantes de prácticamente todo el mundo. El estudio de la Historia nunca será deporte olímpico, por supuesto, pero eso no es óbice para que no me sienta como una de las personas más privilegiadas del mundo por un lado, y con una mayor responsabilidad por otro, porque siento que esto se lo debo a las personas que en cierto modo represento y que son todas aquellas que me han apoyado en algún momento de mi vida y que han creído en mí, en lo que hago y en mis capacidades.

Así que por todos ellos trataré de ser citius, altius y fortius...